lunes, 1 de marzo de 2010

Doctor en pasión


Entré al cuarto y ahí estaba. En un estado disgustoso, con la cara al tono verde y sin expresión. La televisión siempre se mantenía prendida porque cada vez que me molestaba en apagarla, él la volvía a prender. Y lo que es más curioso, automáticamente, ponía el canal.

Entraba al cuarto tres veces por día durante cinco días hasta que me cansé y un día decidí hacer algo con este problema. Preocupado y con un poco de cagazo, llamé a un doctor conocido y vino al instante. El doctor –viejito- no habría estado más de un minuto en la habitación cuando lo veo salir cagado hasta las patas, diciéndome mientras se retiraba de nuestro hogar: “esto es serio, no me corresponde actuar en estos temas”, Claro, Freddy lo había recibido con un espeso vómito sobre su delantal.


Después de este hecho, me preguntaba quién me podía ayudar. A sus viejos no les quize avisar porque los familiares que se acercaron creían que era una gripe. Lo ví hasta el cansancio y, entonces, no me quedó otra que pensar en un exorcismo. Nunca creí en los exorcismos pero esto era lo más parecido a las películas que veíamos juntos pasada la medianoche. Hora y media me fue necesaria para encontrar un “sacerdote exorcista”, gracias a Google. A eso de las siete de la tarde, llega el muchacho, serio, vestido todo de negro y con sus manos ocupadas por una cruz y una biblia. Me mira con actitud sobradora y, despectivamente, me pregunta “¿dónde está?”. Por si lo desconcentraba en su acting, le señalé la puerta sin emitir palabras. Y comenzó la espera. En los primeros veinte minutos, decidí tranquilizarme, tomarme unos mates y dejar de preguntarme que carajo hacía el monigote ese en el cuarto de mi hermano. Pasada la hora de espera, salió del cuarto para decirme “yo no puedo hacer nada. Necesita un doctor… Doctor en pasión. Como puede ver, no es mi rubro. Igual serían 30 pesos por la consulta”. Cuando me pronunció la cifra del costo de su productiva visita, no dudé en darle un cortito para que –efectivamente- se vaya solito por la puerta.

¡¿Doctor en pasión?! En mi vida escuché un doctor con esa especialización. Resignado, googlié “doctor en pasión” y, después de llegar a la página diez, encontré uno que parecía coherente. Lo llamé y me dijo con voz de apuro “en 20 minutos estoy allá”.

Cuando llegó, habían pasado minutos de las nueve y media de la noche. Cuando le abrí la puerta me agarró los musculos del brazo diciendome desesperadamente “¡¿dónde está?!”. No era la misma expresión que la del médico ni del payaso de antes, por eso confié en su tono y le señalé la puerta sin añadir comentarios.

Apróximadamente cinco minutos más tarde, se retiró del cuarto sin la cara de preocupación con la que se me había aparecido en la puerta.


- El tema es simple: vomita, cara en un tono verde, expresión amarga y el mismo canal prendido. – me dijo con total naturaleza y tranquilidad.

- ¿Por qué vomita, por qué tiene la cara verde y amargada y por qué siempre pone el mismo canal? ¡Expliqueme por favor! – le grité desesperado y cansado de la gastada de especialistas truchos.

- Vomita verde, cara amargada y mira el mismo canal para saber las noticias del mercado de pases. ¿Sigue teniendo dudas?

- ¡Sí! Dígame de una vez y déjese de hacerse el Jorge Rial

- Pibe, mirá la cara que tiene. ¿No te das cuenta? Se está haciendo hincha de Banfield. No para de ver los programas deportivos porque tiene la ilusión, como todo hincha de Banfield, de que resta alguna posibilidad para que el uruguayo Silva se quede en el Taladro.

En el momento en que me dijo que se estaba haciendo hincha de Banfield, sentí ganas de vomitar. Tal vez, la palabra "Banfield" me causa tanta repugnancia que no puedo escucharla. Entonces, más desesperado que nunca, le pregunté al Doc a los gritos: - ¿¡Y cómo lo curo!?

- La próxima fecha, llevalo a la cancha a ver a Quilmes. En cuanto entré a la cancha y miré el mundo Quilmes, chau vomitos, chau cara verde y amargada, y la tele la va a apagar cuando vuelva. La verdadera pasión está en Quilmes, pibe. Se lo digo a todos mis pacientes y a la semana me llaman para agradecerme. El problema de tu hermano es que hace mucho que no iba a la cancha ¿o no?, y debería estar cansado de jugar en la B, mientras Banfield salía campeón. Sufrió un accidente pasional; suele pasar cuando triunfan este tipo de equipos como Banfield, Lanús, Argentinos. Pero quedate tranquilo, hacé lo que te dije y vuelve todo a la normalidad. Porque Quilmes es más que una pasión, es un estado de vida, y cuando te distancias, perdés la pasión.- tragó saliva, se despidió de los dos y se fue solo sin mi acompañamiento. Quedé boquiabierto.


Llegó el fin de semana, hicimos lo que nos ordenó el doctor y, con la inclusión de la secuencia perfecta -cancha, triunfo y chori-, volvió todo a la normalidad nuevamente. ¡Qué lindo es ser hincha de Quilmes y no de otro club!

martes, 29 de diciembre de 2009

La conversión

Se llamaba Ariel. Ya cuando lo ví, supe que algo andaba mal. Como que estaba incompleto, algo le faltaba. Yo estaba seguro de lo que le pasaba y fue ahí nomas cuando le pregunté "De que cuadro sos?" y es el día de hoy que me arrepiento de hacerle la pregunta más importante del mundo. ¿Sabés por qué? Porque, sin mirarme a los ojos, me respondió "De Independiente y de Huracán" ¡El tipo era un doble-camiseta! Se ve que primero fue hincha de la amargura de Avellaneda y como no le alcanzaba eso, agregó otro equipo amargo a la lista, ¡¡Huracán!! Si me hubiese dicho de River y Berazategui se lo entiendo pero el pibe se decidió por esos dos. Pero yo, vivo como soy, no me entré a cagar de risa como todos mis compañeros del pobre desconcertado en pasión, sino que me hice el amigo y puse en práctica la conversión. Ojo que no es fácil. Hay que saber sobre tu club, defenestrar y cerrarle el culo a los otros equipos y, fundamentalmente, saber chamuyar, eso es esencial. Y entonces ahí le empezé a preguntar cosas como "y si juega Independiente contra Huracán, ¿quién querés que gane?" o "¿qué club te gusta más?", cosa que el pibe dudara y tirara las típicas respuestas de los doble-camisetas: "me gustaría que empaten" y "los dos por igual".


Después de esa experiencia, lo invité a ver a Quilmes. En esa época estabamos en la B Nacional pero punteros y mucha gente iba a la cancha. Aproveché el momento y lo llevé a la popu. Y la hinchada hizo de lo suyo, viste. Encima que copamos el Guido y Sarmiento, Ariel estaba re entusiasmado y hasta se animaba a cantar canciones cerveceras. Y le dije "viste lo que es esto, es una locura, pura pasión. Y si ascendemos a Primera vas a ver lo que va a ser". Lo maté. Con esa que le tiré fue como una escapada del Indio y toque al medio para Andreuchi y que defina él. Para colmo, el partido lo ganamos.


Poco a poco, sin preguntarle si seguía siendo hincha del Rojo y del Globo (eso esta prohibido hacerlo los primeros 4 o 5 partidos), lo seguimos llevando a la cancha. Y pasaron las fechas y como se había enganchado con la campaña Cervecera, un día me llamó. Yo sorprendido lo atendí y me dice si no vamos a ir de visitante algún día, a lo que le respondí "obvio, venite mañana a casa a las tres en punto que jugamos a las cuatro". Pero me pasó lo peor. Encima que me dejó plantado como un ombú, ni yo pude ir a ver el partido porque no sabía si esperarlo o irme a la cancha y elegí la primera opción por si se enojaba. Tenía una calentura ese día, unas ganas de llamarlo y re contra putearlo al doble-camiseta pero supe contener mi ira.


Esperé a la tarde del día siguiente y lo llamé. Le pregunté amablemente qué paso que no vino y me mató respondiendome "no pude, salí con mi novia". Me quería tirar un tiro en las pelotas. Era doble camiseta y sobre todas las cosas, pollerudo como él solo. Por un momento me había resignado de convertirlo en un verdadero hincha pero después me puse a pensar en el pobre tipo, iba a pasar toda su vida sin pasión por ningún equipo. Y fue ahí que le dije "mirá, faltan tres fechas. La que viene no voy a poder ir pero la próxima jugamos contra Banfield en la canchita esa de mierda que tienen, ¿te venís?" y me tiró un sí firme y sin dudas. Fin de la conversación.


No lo llamé más en la semana para probarlo a ver si se la bancaba averiguar solito como ir y todo eso. Y se la bancó. Me lo encontré de pedo en la inolvidable caravana que fue ese día a la canchita desarmada de Banfield. Cuando lo ví no lo pude creer. Estaba en una ventana del micro escolar que llevaba a la barra cervecera mirando, con una sonrisa de mejilla a mejilla, como pasaban y pasaban los autos, camiones y bondis teñidos azules y blancos. Desde mi auto le pegué un grito que nos encontrabamos en la boletería, a lo que me dió el ok levantando el pulgar. Ariel estaba chocho y yo también. Nos encontramos diez minutos antes del partido. La hinchada vivió con todo ese partido. Fue increíble. Ariel cantó todo el partido las canciones cerveceras. El partido terminó dos iguales pero el partido se lo llevó la hinchada de Quilmes. Ni Ariel ni yo ni ningún hincha de Quilmes que estuvo presente se va a olvidar de ese día. Nunca. Terminado el partido, le hice la gauchada de llevarlo a su casa en mi auto y en el trayecto del viaje escuchamos FM Sur, por supuesto. Se venía la última fecha, en Guido y Sarmiento, contra Almirante Brown.


Y llegó el día que esperabamos todos los hinchas. Queríamos empezar bien la década, viste. Un ascenso nos venía perfecto y más a mi que, si ascendiamos, Ariel ya era cervecero a morir, o eso era lo yo que creía. Estaba nerviosísimo ese día. No solo porque nos jugabamos el ascenso y la vuelta a Primera, sino porque estaba listo para preguntarle a Arielito si seguía siendo hincha de los dos equipos más amargos del fútbol argentino. Necesitaba que gane Quilmes sí o sí. Lo pasé a buscar dos horas antes del partido. Él también estaba nervioso, lo notaba en su expresión de cara. Una vez que llegamos, nos ubicamos en nuestro lugar en la cancha. La gente iba copando poco a poco los escalones del Guido y Sarmiento. Era un día feo, lluvioso pero la gente se la bancó y fue igual. En aquel entonces nos dirigía el gran e imputeable Hugo García, hincha de Quilmes y un verdadero símbolo del club. Entre algunos jugadores, conformaban el plantel la Bomba Scime, Ruffini, Grelak, Mulet, la Tortuga Gómez. Con mucha humildad, sacrificio y el plantel cervecero de la temporada 90/91 llegó a la última fecha con chances de volver a Primera. Y en el segundo tiempo sucedió lo deseado: a los pocos minutos de juego, tiro libre para Quilmes. La Tortuga Gómez, se perfila, le pega a la redonda y se resbala. Sinceramente, cuando lo ví resbalarse, pensé que ya lo había errado pero la pelota toca la red y gol. Nada que hacer para el arquero de Almirante que en ese momento era Golinowski. Vaya uno a saber por qué me acuerdo del nombre del arquero adversario. Me acuerdo perfecto la imágen de ir corriendo al alambrado y cuando nos colgamos con Ariel y lo gritamos como locos, al igual que todo el estadio repleto de hinchas cerveceros. Después de comernos las uñas de los dedos todo el partido, el árbitro pitó el final y Quilmes volvía a Primera. Sí, señor. De la mano de Hugo García que estallaba en un llanto sincero y repleto de humildad, Quilmes era campeón, y por última vez en el mítico Guido y Sarmiento. Ariel y yo rompiamos el alambrado y ayudabamos a los demás a pasar al campo de juego para dar la ansiada vuelta de campeón. Nos metimos por el hueco que habíamos hecho y cuando miro a Ariel, le estaba sacando un botín a Mario Abelardo Gómez, el autor del gol del campeonato. Y no era cualquier botín. Era con el que le pegó a la pelota en el tiro libre del gol del campeonato. Y es el día de hoy que lo tiene en su casa, en una vitrina. Cantamos y no paramos de festejar. Nos abrazabamos cada vez que nos encontrabamos. Ariel y yo y llorabamos. La fiesta siguió por toda la ciudad, no paramos hasta las cuatro de la matina.

Y, creanlo o no, nunca en mi vida me animé a preguntarle si fue hincha de Quilmes. Si. Dije fue porque ya no está más. Ojo, y no me arrepiento de no haberle preguntado porque después de vivir lo que vivimos juntos aquella temporada, no me quizé arriesgar de tirar todo a la basura para que me diga que seguía siendo doble-camiseta, o peor, que era un triple camiseta. Pero por otro lado, estaba convencido que se había hecho cervecero. Porque uno no puede emocionarse y gritar tanto los goles sino lo siente, solo le pasa cuando ese club es una pasión. La pasión futbolera te hace expresar todos tus sentimientos que tenés por el club que amás: llantos y risas, sonrisas y tristezas. Y Ariel lloró y rió por Quilmes, por lo cual, me deja tranquilo el pensar que Ariel murió cervecero.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Abrazo de gol

- Dale, dale.. ¡no!... ¡¡¡GOOOOOOOOOOOOOOOOOL!!! - Apenas se vió el impacto de la pelota contra la red, desencadenó el grito de los indios quilmes después de una jugada repleta de rebotes. Y trajo como consecuencia el famoso "abrazo de gol" pero esta vez fue entre dos generaciones diferentes, uno de unos 80 pirulos y otro de 18. Se veían cada tanto pero nunca habían hablado y entonces, el viejo aprovechó la situación y como todo ochentero el tema preferido para hablar es el fútbol y más si es con un pibe que vivió un tercio de lo que él vivió.
- Que sufridos somos los hinchas de Quilmes, ¿no nene...? - le dijo al pibe mirandolo de reojo.

- Si, si - le respondió entre sonrisas - Es lo que más disfruto del fútbol: sufrif. Porque terminás de sufrir con un gol o con el final del partido y lo disfrutas más, viste.

- No sabés lo que sufrí yo, pibe. En Rosario, en Guido y Sarmiento, y últimamente acá.

Cuando dijo la palabra "Rosario", se le abrieron los ojos y dijo sorprendido: - ¿Fuiste a Rosario? ¡Contame por favor como fue eso, de ver a tu equipo campeón de Primera! -

- Fue lo mejor que me pasó en la vida. Era un equipazo el del 78, dejaba todo. Jugaba con la camiseta en la mano. Pura humildad. Además, viste como es el fútbol, cuando un equipo que no está entre los 5 grandes pelea el campeonato, la mitad del pueblo argentino está de su lado. Pepe Andreuchi estaba intratable, tenía un olfato de gol increíble y lo demostró siendo el goleador del campeonato junto con nada más y nada menos que con Diego Armando Maradona, que en ese momento jugaba para el Bicho. - Hizo una pausa... "Uuuuhhhh" gritó toda la tribuna y otros solo se agarraban la cabeza. Quilmes acababa de errarse un cabezazo en el área chica. Increíble. - Bueno, y otro jugador impresionante era el Indio Gómez, ¡que jugador, mamadera! Esa gambeta que tenía y la rapidez. Los hinchas ya lo conocíamos desde el ascenso en el 75 que la descosió. Fue pretendido por River en un momento pero no se le concretó. Yo fui a Rosario, como te dije. La caravana de gente que fue nunca me la voy a olvidar, micros y micros con banderas azules y blancas. Cuando llegué al estadio eramos más de 20 mil hinchas en el Gigante de Arroyito. Pero lo mejor de ese día fue el gol de Gáspari. ¡¡Que golazo!! De afuera del área, sacó un zapatazo al ángulo que el arquero de Central no pudo hacer absolutamente nada.

El pibito ya no miraba el partido, solo escuchaba lo que decía el viejito con los ojos bien grandes y con la boca abierta - Que época. Me hubiese encantado vivirla. Y bueno, ¿a quién no?. Si viste a Quilmes campeón, ya sos feliz. No podés pedir más nada, ¿o no? -

- No, no. - le respondió seriamente - Yo ya era feliz desde antes. Cuando ví jugar a Juan Ramón Santos, apodado como el Loco. -

La gente de alrededor se iba sumando a la conversación solo con los oídos porque los ojos estaban ocupados viendo el partido.

- ¿Y ese quién es? - Cuando terminó de preguntar, gol de Platense con la ayuda de la defensa. No hablaron por 2 minutos, ya que se estaban reprochando el empate adversario.

- El Loco vino en el 42 con 23 desde un equipo de La Plata por 200 pesos. Llevaba la '11' en la espalda que nadie se la podía sacar. Era rápido y goleador, y eso que su función no era la de meter goles, ya que jugaba de puntero izquierdo. A pesar de eso, convirtió 123 goles con la camiseta de Quilmes y es el jugador que más goles festejó en la historia del club. Y como si fuera poco, el que más veces jugó en Quilmes con 305 partidos en cancha. Jugaba con el corazón, era el ídolo del momento, era el intocable porque siempre jugaba bien. Formó parte del mejor ascenso que viví, el del 49 y de la famosa Bomba Q, en 1950, cuando le hicimos 4 a las gallinas en el Monumental con nuestra gran delantero del momento: Santos-Cerioni-Santiago-Paraja-Cantatore. ¡Qué delantera que lo parió!

- Mira vos, nunca lo había escuchado. ¿Y de los clásicos con el Mate que me podés contar?

- Y los tenemos de hijos, viste, pero siempre nos complicaron. Por ejemplo, en el 49 estabamos invictos con 11 triunfos al hilo y nos cagaron con un empate. El último clásico fue en el 81, otro empate. Ellos tenían a la Bruja Verón, que es el viejo de Juan Sebastián o "La Brujita", al Ruso Zielinsky.

No hablaron más. El pibito estaba satisfecho. Se corrían los 35 minutos del segundo tiempo y Quilmes empataba un tanto a uno contra Platense en el Centenario. A los 39 el 7 de ellos queda mano a mano con nuestro arquero y cuando intenta tirarla larga para esquivarla, el arquero, inteligente y uno de los mejores de la categoría, corre y captura la pelota.

A cinco minutos de los 45 reglamentarios, el técnico le dice al pibe:

- Che, vos. Entrá dale que estuviste todo el partido al pedo divirtiendote con el utilero hablando boludeces.

El nene que era el primer partido que lo convocaban, lo miro al utilero de los ochenta y pico de años y éste le devolvió la mirada con una sonrisa y haciendo el gestito con la cabeza de 'andá'. Se sacó el buzo, peló la casaca blanca con la 33 en la espalda, hizo algunas boludeces como para entrar en calor y esperó a que el cuarto árbitro le de la órden de ingresar al partido en marcha. La pelota se fue al lateral y entró por el 5 que le dijo 'dale nene, sos vos eh, no aflojes'. Cuando ingresó escuchaba a la gente de la platea murmurando '¿quién entra? ¿quién es ese pibe?'. Entró frío en los primeros 5 minutos tocando pases cortos para atrás. El pibe estaba nervioso. Una dura falta del volante central del Calamar sobre el recién ingresado cuasó la sanción y amonestación al jugador. Todos arriba, inclusive el arquero. El enganche del QAC acomodó la pelota, dió tres pasos para atrás y mandó el centro a la hoya. El central de ellos rechazó a la medialuna del área, ahí la recibió el 8 nuestro, la paró de pecho y le pegó. La pelota la devolvió el arquero dando rebote, le rebota en la cabeza al arquero cervecero, pega en el palo y ahí fue cuando entonces aparece él, el que tenía la casaca n° 33, el que era hincha de Quilmes, que con apenas 18 años debutó. Puso el pie izquierdo y adentro. Gol de Quilmes a los 47 minutos y medio. El pibe salió corriendo al banco, primero besó el escudo, después se sacó la camiseta y una vez cerca del banco fue abrazar al viejo fanático del Cervece. Luego, se unieron al abrazo todos los jugadores y cuerpo técnico, inclusive el DT. Y sí. Se produjo un verdadero abrazo de gol.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Mi pedido al Barba

Cada día que me despierto, lo pienso. Y dudo. Dudo si lo voy a poder vivir. Hasta a veces dudo si voy a poder vivir un ascenso. Porque no es algo que se lo puede pasar por alto, y menos para los que amamos con locura a nuestro club, porque cada 6 meses siempre hay un nuevo equipo que festeja y me surge más tristeza cuando un equipo lo festeja por primera vez. Ni te cuento cuando veo campeón a un equipo que odio con mi alma y que sé que por la poca gente que tiene y los amargos que son, no se merecen festejarlo. Y ahí vuelve a aparecer la laguna vacía en mi cabeza. Es una duda que me carcome la razón y la inteligencia, algo que necesito que pase y así puedo morir en paz. Pensé en ir a una bruja o algo así pero ¿y si me dice que no va a pasar?. Aunque no sepa si la vieja bruja está loca, es muy arriesgado para mí eso. Saber que nunca lo voy a festejar y que ningun hijo o nieto o bisnieto mío lo va a poder hacer, es muy duro y no sería feliz. Cada cumpleaños que me hacen acordar de pedir "los tres deseos" (que los unifico), lo deseo. Cada vez que pasa un tren por abajo mío o cualquiera de esas boludeces que tenés que pedir un deseo, pido el mismo. Así que Barba, a vos te pido. Te lo pido por favor y de corazón, que antes de encontrarme con vos allá arriba pueda ver a mi Quilmes campeón. No me importa en qué año sea, si cuando tenga 20 años o 90 pero por lo menos dejaría mi vida feliz y ya no tendría que pedir nada más en el mundo. ¿Qué mas te puedo pedir? Nada más. Con eso cumplido voy a ser feliz y si me das tiempo voy a pasear por el mundo afirmando: "¡Sí, Dios existe! Rezen que el cielo existe!". No sé si fui claro pero por las dudas te lo aclaro, como te lo aclaro cada vez que te lo pido mediante una oración o un deseo que te lo expresé de forma confusa: QUIERO ESTAR VIVO CUANDO QUILMES ATLÉTICO CLUB SALGA CAMPEÓN. No te quiero pedir mucho más pero ¿puede ser que mi ídolo, sí, ese que lo conocés bien, forme parte del campeonato ganado como jugador, ayudante de campo, técnico, médico o primer vocal, no me importa que posición cumpla pero que forme parte y que lo puedo disfrutar como un hincha que es? Gracias, sólo eso te pido. Espero que no sea mucho. Ya sé que tenés que ocuparte de otros temitas en el mundo que capaz sean más importantes pero éste pedido, por favor te pido que no lo dejés pasar. Te mando un abrazo y mandale saludos a todos allá y a mi abuelo, especialmente, que es hincha del Cervece y el primer hincha con mi apellido. Chau Dios, estamos en contacto papá.