lunes, 1 de marzo de 2010
Doctor en pasión
martes, 29 de diciembre de 2009
La conversión
No lo llamé más en la semana para probarlo a ver si se la bancaba averiguar solito como ir y todo eso. Y se la bancó. Me lo encontré de pedo en la inolvidable caravana que fue ese día a la canchita desarmada de Banfield. Cuando lo ví no lo pude creer. Estaba en una ventana del micro escolar que llevaba a la barra cervecera mirando, con una sonrisa de mejilla a mejilla, como pasaban y pasaban los autos, camiones y bondis teñidos azules y blancos. Desde mi auto le pegué un grito que nos encontrabamos en la boletería, a lo que me dió el ok levantando el pulgar. Ariel estaba chocho y yo también. Nos encontramos diez minutos antes del partido. La hinchada vivió con todo ese partido. Fue increíble. Ariel cantó todo el partido las canciones cerveceras. El partido terminó dos iguales pero el partido se lo llevó la hinchada de Quilmes. Ni Ariel ni yo ni ningún hincha de Quilmes que estuvo presente se va a olvidar de ese día. Nunca. Terminado el partido, le hice la gauchada de llevarlo a su casa en mi auto y en el trayecto del viaje escuchamos FM Sur, por supuesto. Se venía la última fecha, en Guido y Sarmiento, contra Almirante Brown.
Y llegó el día que esperabamos todos los hinchas. Queríamos empezar bien la década, viste. Un ascenso nos venía perfecto y más a mi que, si ascendiamos, Ariel ya era cervecero a morir, o eso era lo yo que creía. Estaba nerviosísimo ese día. No solo porque nos jugabamos el ascenso y la vuelta a Primera, sino porque estaba listo para preguntarle a Arielito si seguía siendo hincha de los dos equipos más amargos del fútbol argentino. Necesitaba que gane Quilmes sí o sí. Lo pasé a buscar dos horas antes del partido. Él también estaba nervioso, lo notaba en su expresión de cara. Una vez que llegamos, nos ubicamos en nuestro lugar en la cancha. La gente iba copando poco a poco los escalones del Guido y Sarmiento. Era un día feo, lluvioso pero la gente se la bancó y fue igual. En aquel entonces nos dirigía el gran e imputeable Hugo García, hincha de Quilmes y un verdadero símbolo del club. Entre algunos jugadores, conformaban el plantel la Bomba Scime, Ruffini, Grelak, Mulet, la Tortuga Gómez. Con mucha humildad, sacrificio y el plantel cervecero de la temporada 90/91 llegó a la última fecha con chances de volver a Primera. Y en el segundo tiempo sucedió lo deseado: a los pocos minutos de juego, tiro libre para Quilmes. La Tortuga Gómez, se perfila, le pega a la redonda y se resbala. Sinceramente, cuando lo ví resbalarse, pensé que ya lo había errado pero la pelota toca la red y gol. Nada que hacer para el arquero de Almirante que en ese momento era Golinowski. Vaya uno a saber por qué me acuerdo del nombre del arquero adversario. Me acuerdo perfecto la imágen de ir corriendo al alambrado y cuando nos colgamos con Ariel y lo gritamos como locos, al igual que todo el estadio repleto de hinchas cerveceros. Después de comernos las uñas de los dedos todo el partido, el árbitro pitó el final y Quilmes volvía a Primera. Sí, señor. De la mano de Hugo García que estallaba en un llanto sincero y repleto de humildad, Quilmes era campeón, y por última vez en el mítico Guido y Sarmiento. Ariel y yo rompiamos el alambrado y ayudabamos a los demás a pasar al campo de juego para dar la ansiada vuelta de campeón. Nos metimos por el hueco que habíamos hecho y cuando miro a Ariel, le estaba sacando un botín a Mario Abelardo Gómez, el autor del gol del campeonato. Y no era cualquier botín. Era con el que le pegó a la pelota en el tiro libre del gol del campeonato. Y es el día de hoy que lo tiene en su casa, en una vitrina. Cantamos y no paramos de festejar. Nos abrazabamos cada vez que nos encontrabamos. Ariel y yo y llorabamos. La fiesta siguió por toda la ciudad, no paramos hasta las cuatro de la matina.
Y, creanlo o no, nunca en mi vida me animé a preguntarle si fue hincha de Quilmes. Si. Dije fue porque ya no está más. Ojo, y no me arrepiento de no haberle preguntado porque después de vivir lo que vivimos juntos aquella temporada, no me quizé arriesgar de tirar todo a la basura para que me diga que seguía siendo doble-camiseta, o peor, que era un triple camiseta. Pero por otro lado, estaba convencido que se había hecho cervecero. Porque uno no puede emocionarse y gritar tanto los goles sino lo siente, solo le pasa cuando ese club es una pasión. La pasión futbolera te hace expresar todos tus sentimientos que tenés por el club que amás: llantos y risas, sonrisas y tristezas. Y Ariel lloró y rió por Quilmes, por lo cual, me deja tranquilo el pensar que Ariel murió cervecero.
domingo, 27 de diciembre de 2009
Abrazo de gol
- Si, si - le respondió entre sonrisas - Es lo que más disfruto del fútbol: sufrif. Porque terminás de sufrir con un gol o con el final del partido y lo disfrutas más, viste.
- No sabés lo que sufrí yo, pibe. En Rosario, en Guido y Sarmiento, y últimamente acá.
Cuando dijo la palabra "Rosario", se le abrieron los ojos y dijo sorprendido: - ¿Fuiste a Rosario? ¡Contame por favor como fue eso, de ver a tu equipo campeón de Primera! -
- Fue lo mejor que me pasó en la vida. Era un equipazo el del 78, dejaba todo. Jugaba con la camiseta en la mano. Pura humildad. Además, viste como es el fútbol, cuando un equipo que no está entre los 5 grandes pelea el campeonato, la mitad del pueblo argentino está de su lado. Pepe Andreuchi estaba intratable, tenía un olfato de gol increíble y lo demostró siendo el goleador del campeonato junto con nada más y nada menos que con Diego Armando Maradona, que en ese momento jugaba para el Bicho. - Hizo una pausa... "Uuuuhhhh" gritó toda la tribuna y otros solo se agarraban la cabeza. Quilmes acababa de errarse un cabezazo en el área chica. Increíble. - Bueno, y otro jugador impresionante era el Indio Gómez, ¡que jugador, mamadera! Esa gambeta que tenía y la rapidez. Los hinchas ya lo conocíamos desde el ascenso en el 75 que la descosió. Fue pretendido por River en un momento pero no se le concretó. Yo fui a Rosario, como te dije. La caravana de gente que fue nunca me la voy a olvidar, micros y micros con banderas azules y blancas. Cuando llegué al estadio eramos más de 20 mil hinchas en el Gigante de Arroyito. Pero lo mejor de ese día fue el gol de Gáspari. ¡¡Que golazo!! De afuera del área, sacó un zapatazo al ángulo que el arquero de Central no pudo hacer absolutamente nada.
El pibito ya no miraba el partido, solo escuchaba lo que decía el viejito con los ojos bien grandes y con la boca abierta - Que época. Me hubiese encantado vivirla. Y bueno, ¿a quién no?. Si viste a Quilmes campeón, ya sos feliz. No podés pedir más nada, ¿o no? -
La gente de alrededor se iba sumando a la conversación solo con los oídos porque los ojos estaban ocupados viendo el partido.
- ¿Y ese quién es? - Cuando terminó de preguntar, gol de Platense con la ayuda de la defensa. No hablaron por 2 minutos, ya que se estaban reprochando el empate adversario.
- El Loco vino en el 42 con 23 desde un equipo de La Plata por 200 pesos. Llevaba la '11' en la espalda que nadie se la podía sacar. Era rápido y goleador, y eso que su función no era la de meter goles, ya que jugaba de puntero izquierdo. A pesar de eso, convirtió 123 goles con la camiseta de Quilmes y es el jugador que más goles festejó en la historia del club. Y como si fuera poco, el que más veces jugó en Quilmes con 305 partidos en cancha. Jugaba con el corazón, era el ídolo del momento, era el intocable porque siempre jugaba bien. Formó parte del mejor ascenso que viví, el del 49 y de la famosa Bomba Q, en 1950, cuando le hicimos 4 a las gallinas en el Monumental con nuestra gran delantero del momento: Santos-Cerioni-Santiago-Paraja-Cantatore. ¡Qué delantera que lo parió!
- Mira vos, nunca lo había escuchado. ¿Y de los clásicos con el Mate que me podés contar?
- Y los tenemos de hijos, viste, pero siempre nos complicaron. Por ejemplo, en el 49 estabamos invictos con 11 triunfos al hilo y nos cagaron con un empate. El último clásico fue en el 81, otro empate. Ellos tenían a la Bruja Verón, que es el viejo de Juan Sebastián o "La Brujita", al Ruso Zielinsky.
No hablaron más. El pibito estaba satisfecho. Se corrían los 35 minutos del segundo tiempo y Quilmes empataba un tanto a uno contra Platense en el Centenario. A los 39 el 7 de ellos queda mano a mano con nuestro arquero y cuando intenta tirarla larga para esquivarla, el arquero, inteligente y uno de los mejores de la categoría, corre y captura la pelota.
A cinco minutos de los 45 reglamentarios, el técnico le dice al pibe:
- Che, vos. Entrá dale que estuviste todo el partido al pedo divirtiendote con el utilero hablando boludeces.
El nene que era el primer partido que lo convocaban, lo miro al utilero de los ochenta y pico de años y éste le devolvió la mirada con una sonrisa y haciendo el gestito con la cabeza de 'andá'. Se sacó el buzo, peló la casaca blanca con la 33 en la espalda, hizo algunas boludeces como para entrar en calor y esperó a que el cuarto árbitro le de la órden de ingresar al partido en marcha. La pelota se fue al lateral y entró por el 5 que le dijo 'dale nene, sos vos eh, no aflojes'. Cuando ingresó escuchaba a la gente de la platea murmurando '¿quién entra? ¿quién es ese pibe?'. Entró frío en los primeros 5 minutos tocando pases cortos para atrás. El pibe estaba nervioso. Una dura falta del volante central del Calamar sobre el recién ingresado cuasó la sanción y amonestación al jugador. Todos arriba, inclusive el arquero. El enganche del QAC acomodó la pelota, dió tres pasos para atrás y mandó el centro a la hoya. El central de ellos rechazó a la medialuna del área, ahí la recibió el 8 nuestro, la paró de pecho y le pegó. La pelota la devolvió el arquero dando rebote, le rebota en la cabeza al arquero cervecero, pega en el palo y ahí fue cuando entonces aparece él, el que tenía la casaca n° 33, el que era hincha de Quilmes, que con apenas 18 años debutó. Puso el pie izquierdo y adentro. Gol de Quilmes a los 47 minutos y medio. El pibe salió corriendo al banco, primero besó el escudo, después se sacó la camiseta y una vez cerca del banco fue abrazar al viejo fanático del Cervece. Luego, se unieron al abrazo todos los jugadores y cuerpo técnico, inclusive el DT. Y sí. Se produjo un verdadero abrazo de gol.
